SOBRE EL OFICIO DE LAS LETRILLAS Cristián Cuando el corazón palpita en el pecho del poeta como una paloma inquieta que en cautiverio se agita, mientras el tiempo transita por las venas de la noche, como en tono de reproche el estómago porfía que, aunque en versos se derroche no se vive de poesía. El escritor, siendo humano necesita de sustento (la musa, sin alimento adquiere aspecto mundano) y así ha de alquilar la mano para prosaicos deberes, y entre profanos quehaceres callar con melancolía que, aunque abundante en placeres no se vive de poesía. El trabajo calza y viste y asegura la pitanza: el verso es sólo esperanza de la razón que le asiste y, aunque escribir bien reviste apariencia de trabajo, lo escrito vale un carajo si seguridad se ansía pues, si se vive a destajo, no se vive de poesía. Es buen bardo quien resiste los calambres intestinos y en sus versos peregrinos con desprendimiento insiste; porque ante una paga triste y un editor majadero, no se puede ser ligero si es la vida una elegía y es que, para ser sincero, no se vive de poesía. ® Cristián
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